Columna de Claudia Cortés: alfabeto griego y Covid-19

El virus que produce Covid-19 seguirá mutando, ya que esa es la naturaleza de todos los virus y por tanto es algo que no debe sorprendernos. Las nuevas mutaciones que persisten son las que hacen que el virus sea más adecuado, lo que generalmente implica un virus más transmisible o contagioso, pero no necesariamente un virus más letal.

Empecemos por lo básico, ¿qué es un virus?

Un virus es un microorganismo con una estructura muy simple que solo es capaz de multiplicarse dentro de una célula (humana, animal, vegetal o incluso bacteriana). Cada virus “parasita” una célula específica. Un virus que infecta los tomates no puede infectar a un gato, el virus del moquillo del perro no puede infectar a su dueño. De vez en cuando sucede que los virus de dos animales se combinan y se crea un nuevo virus que puede saltar de un animal al Hombre. Eso sucedió con el SARS-CoV-2. En diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, China. Así comienza esta historia, que 18 meses después nos tiene con 183 millones de personas diagnosticadas con COVID-19 y a punto de llegar a los 4 millones de muertes en todo el mundo.

Al principio había un virus, ¿por qué ahora nos preocupan varios? Escuchamos muchos virus con nombres de letras griegas. De hecho, es el mismo virus. Los virus mutan, el SARS-CoV-2 lo hace y todos los virus lo hacen. ¿Qué es una mutación? Es un error que comete el virus al replicarse (multiplicarse), un pequeño cambio en su estructura.

Hay virus que mutan con mucha facilidad, como el VIH o el virus de la influenza. El virus que produce Covid no muta mucho, pero aún genera nuevas variantes. Estas variantes tienen diferencias en su estructura, diferencias relativamente pequeñas, por eso hablamos de un virus que tiene diferentes “versiones”. Para no estigmatizar el lugar donde se investigan las variantes por primera vez, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha decidido llamarlas con nombres de letras griegas. Hasta la fecha, la OMS reconoce cuatro variantes de interés (alfa, beta, gamma y delta) y siete variantes de interés. (épsilon, zeta, eta, theta, iota, kappa y lambda). Los primeros cuatro son los que más se escuchan porque se ha demostrado que son más contagiosos o producen una enfermedad más grave o podrían evadir el efecto protector de las vacunas. En el segundo grupo, las variantes de interés se han descrito en brotes o con transmisión aumentada y se evalúan constantemente en caso de que requieran ingresar al grupo de variantes de interés.

Hasta la fecha, la OMS reconoce cuatro variantes de interés (alfa, beta, gamma y delta) y siete variantes de interés. (épsilon, zeta, eta, theta, iota, kappa y lambda).

¿Por qué nos preocupa la variante Delta?

De esta variante sabemos, hasta el momento, que es la que más rápido se transmite de todas las variantes descritas. Se ha informado que el número de hospitalizaciones aumenta en los infectados con esta variante y también sabemos que disminuye la cantidad de anticuerpos neutralizantes que se producen en las personas vacunadas. Estos anticuerpos son los que participan en la defensa frente a los microorganismos, los neutralizan (bloquean) y evitan que la infección progrese. Este tipo de anticuerpos son los que se busca producir con las vacunas, ya que se unen específicamente a las estructuras que se encuentran en la superficie del virus (antígenos), impidiendo que éste interactúe con las células que se pretende infectar. Por tanto, el sistema inmunológico mata la partícula del virus antes de que la infección progrese más.

De esta variante sabemos, hasta el momento, que es la que más rápido se transmite de todas las variantes descritas. Se ha informado que el número de hospitalizaciones aumenta en los infectados con esta variante y también sabemos que disminuye la cantidad de anticuerpos neutralizantes que se producen en las personas vacunadas.

Papel de las vacunas

Las vacunas, sin importar cuál de ellas actúe “entrenando” el sistema inmunológico. Son una especie de impostores que hacen creer al sistema inmunológico que existe una infección por un microorganismo nuevo y desconocido, así nuestro sistema de defensa aprende a reconocer nuevas enfermedades. Las vacunas presentan al sistema inmunológico una parte del virus o el virus inactivado completo (sin capacidad de generar enfermedad – vacuna CoronaVac) o la información necesaria para que una parte del virus sea sintetizada, ya sea dentro de una envoltura lipídica (vacuna Pfizer) o portado por otros virus inofensivos (vacunas AstraZeneca y Cansino).

Así es como responde el organismo creando anticuerpos, esos que quedan en la memoria inmunológica. Si en el futuro, la persona vacunada se infecta con el virus, el sistema inmunológico se activa rápidamente, enviando estos anticuerpos previamente formados para neutralizar la infección y detenerla antes de que prolifere.

El problema ocurre cuando existen mutaciones en las porciones del virus que usamos para entrenar el sistema inmunológico con vacunas, ya que, si los cambios son muchos, nuestro sistema inmunológico no podrá reconocer el virus y no podrá prevenir la propagación de la infección.

Hasta ahora sabemos que las vacunas de Pfizer y AstraZeneca protegen contra la variante delta. Como es la última variante de preocupación descrita, aún existen estudios en curso que nos brindarán información sobre su transmisión, diferencias en sus manifestaciones clínicas, gravedad, letalidad y eficacia de las otras vacunas.

El problema ocurre cuando existen mutaciones en las porciones del virus que usamos para entrenar el sistema inmunológico con vacunas, ya que, si los cambios son muchos, nuestro sistema inmunológico no podrá reconocer el virus y no podrá prevenir la propagación de la infección.

¿Qué es importante tener claro entonces?

El virus que produce Covid-19 seguirá mutando, ya que esa es la naturaleza de todos los virus y por tanto es algo que no debe sorprendernos. Las nuevas mutaciones que persisten son las que hacen más adecuado al virus, que generalmente implica un virus más transmisible o contagioso, pero no necesariamente un virus más letal. Las vacunas contra el SARS-CoV-2, al igual que las vacunas para otros virus (como la Influenza), deben incorporar las características de las nuevas variantes en su formulación, si ocurre una mutación mayor que hace que el virus deje de reconocer el virus a pesar de estar vacunado. Todo esto es algo que los científicos conocen y saben cómo abordar.

Como siempre, debemos confiar en la ciencia. Debemos seguir cuidándonos, con medidas sencillas pero muy efectivas, que bien realizadas, junto con las vacunas, nos mantendrán a salvo o con una enfermedad leve y soportable.

Por ahora, aún es el momento de seguir usando una buena mascarilla correctamente, lavarnos las manos (ojalá sea un hábito que mantenemos para el futuro), evitar aglomeraciones y ventilar.

Como siempre, debemos confiar en la ciencia.

La ciencia está haciendo su parte, nosotros tenemos que hacer la nuestra.

* Claudia Cortés Moncada es infectóloga y académica de la Universidad de Chile.



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