el histórico audiencia con Quico, en una cumbre de leyendas del humor

carlos villagran Ingresó al recibidor del edificio en Recoleta y saludó al administrador: ‘¿Cómo está, Arnold Schwarzenegger?’, se presentó. La seguridad sonrió, lo reconoció como quico -pese a su barba candado-, y le pidió una Foto. Arriba, en el firme vigésimo, nos recibió Marta, la mujer que acompaña Carlitos Bala durante 57 abriles, y quien en los últimos tiempos se ha dedicado a cuidarlo las 24 horas del día.

En la entrada del alojamiento, un Balá de cartón de tamaño natural con su icónica copa recortada haciendo el visaje de la idea. El seguro Carlitos apareció por detrás e invitó a la sala de su casa. Se sentó en la sitio de honor de una mesa de café. El actor mexicano que interpretó al amigo del Chavo en la serie creada por Roberto Gómez Bolaños Se acomodó a su costado, la tomó de la mano y le dijo: “Es un honor para mí estar contigo. ¿Recuerdas que nos vimos hace muchos años? Nos abrazamos, te presté 10 mil dólares”.

“Sí, mil dólares”, respondió Balá, con rápidos reflejos. Y así se produjo ese contrapunto entre dos genios de la comedia a lo grande del audiencia exclusivo para Clarín, en 2019, pocas horas antaño de ser invitados de honor en el extensión de un nuevo espectáculo del Circo Rodas. “Estaba bromeando, de eso vivimos”, concedió el hombre detrás del pequeño caprichoso del suburbio.

El encuentro de Carlitos Balá y QCarlos Villagrán, más conocido como Quico.  Foto: Fernando de la Orden


El audiencia de Carlitos Balá y QCarlos Villagrán, más conocido como Quico. Foto: Fernando de la Orden

Leyendas del humor pueril, exponentes de un estilo sano e inocente -“blanco”, calificativo Quico-, el Carlos que hizo reír a varias generaciones cambiar piropos, pasos de comedia, anécdotas, expresiones de viajes y sus momentos de honor.

“Te ves muy bien”, lo felicitó Quico. “Tú cambiaste los lentes”, atacó Balá. “No, no veo nada”, redobló Villagrán. Dos viejos geniales.

“¿Sabes lo que le dijo una empanada a la otra? Somos carne”. Y el mexicano, quien luego dijo que vivió en Argentina durante 11 abriles, le dio una carcajada. La conexión fue inmediata, casi como una rutina aceitada que recogen de otra vida.

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-¿Les hubiera gustado trabajar juntos?

-Villagrán: Si se hubiera presentado la oportunidad, lo hubiésemos hecho con mil amores.

-Bala: como no soy un admirador de el.

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-Villagrán: (Infla sus mejillas y se transforma en Quico). Y yo soy un fan de él.

-Bala: Hollywood hiciste?

-Villagrán: No, no trabajé en Hollywood.

Balá y Villagrán, jugando.  (Foto: Fernando de la Orden).


Balá y Villagrán, jugando. (Foto: Fernando de la Orden).

Al rato llegó un productor del Circo Rodas. Surgió el tajante Balá: “Tome asiento, es lo único que hay que tomar”. Por momentos parecía extinto, pero de repente se iluminó y pasó de la broma al diálogo serio e ininterrumpido.

-Bala: Mi único divertida es para mirar los aviones que pasan, que salen aquí de Aeroparque. Adiós. Saludo. Ninguno me replica. El presidente murió, ¿viste?

-Villagrán: Sí, De la Rúa.

-Bala: ¿Cómo comparas tu país con este?

-Villagrán: éste es mejor. Aunque hay devaluación, sé que el peso está muy stop. Pero Veo muy acertadamente Buenos Aires.

-Bala: ¿Te gusta más aquí?

-Villagrán: Definitivamente, me gusta mas buenos aires. En México no vivo en la renta. Vivo en Querétaro. Y ahora vivimos en Houston, Texas.

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-Bala: ¿Recorrieron todo el hemisferio finalidad?

-Villagrán: Me caigo.

-Bala: ¿Qué tipo de personas conociste…

-Villagrán: Conozco más Argentina que cualquier argentino.

-Bala: ¡Qué cosa, eh! Nunca traté de salir de aquí.

Un condición anexo al salón oficiaba de museo personal del autor de ‘Qué antojo a sal’ y ‘Ea-ea-ea pe-pé’, entre muchas otras. Varios premios Martín Fierro, un cuadro de él haciendo Sucutrule a Chaplin, otra foto con él papa francisco y un metropolitano piruleta atiborrado de chupetes tirados en un rincón.

Su esposa, Marta, aseguró que tutela todos los dibujos, fotos y regalos que la muchedumbre le dio a Carlitos en tantos abriles de carrera. “Alrededor de 100 biblioratos”, agrega el humorista.

-A sus 93 y 75 abriles, uno y otro siguen trabajando.

-Villagrán: Bueno, yo estaba Días festivos y el dueño del Circo de Rodas me mandó entradas…

-Bala: Buena muchedumbre del Circo Rodas?

-Villagrán: Si, muy buena muchedumbre. Es un amigo de toda la vida.

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Intervino Marta para retomar alguna puntualización. Y adelantó que Balá ya había reservado algunas fechas con Panam para las ocio de invierno. “Ahora ya no hace todos los días como antes”, aclara. “Yo pensaría en trabajar en Hollywood: trabaja menos y gana más”, dice Bala, como si pensara en voz adhesión.

-Como máximos exponentes de un humor sano, inocente, ¿cree que es un estilo de comedia pueril que sigue vivo o que ha cambiado?

-Villagrán: El humor siempre ha sido totalmente diferente. Nos dedicamos a un idioma totalmente saludable que papá y mamá puedan dejar tranquilos a sus hijos porque no les vamos a hacer ningún daño. No promovemos el sexo, no generamos violencia, no emborrachamos. Hasta cierto punto, el software es una tontería. Pero con ingenio. Y la muchedumbre le ha donado las gracias a El Chavo del 8 a lo grande del tiempo.

-Bala: Soy más divertido por fuera que por en el interior. Estoy en el interior destinado a hacerte reír. Fuera no, pero lo disfruto más que en el teatro.

-Villagrán: Una vez estábamos en el Aeropuerto de la Ciudad de México y un señor detuvo a Roberto Gómez Bolaños y le dijo: ‘Perdóneme señor Bolaños, pero no me gusta tu software‘. A lo que Chespirito respondió: ‘Mira qué casualidad, a mí siquiera. Pero qué vale tu opinión o la mía frente a la de millones.

-Bala: Bien respondido. Fue calesa ¿dirigir?

-Villagrán: El que efectivamente dirigía era Enrique Segoviano, el director. Siempre fue un poco codicioso. Se quedó con todos los personajes, los registró todos como suyos, y no es que fueran suyos. Porque yo hice a Quico. yo invente a quico. Chilindrina inventó Chilindrina. lo que pasa es que nadie sabía que el software trascendería tanto. Y él astutamente los registró a todos como suyos. Y no recibimos 5 centavos en regalías de carencia.

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-¿Qué te impulsa luego de tantos abriles a seguir trabajando para el sabido, para niños, adultos y abuelos?

-Bala: Porque Creo que nací para hacerte reír., entre otras cosas. Me encanta ver a la muchedumbre reírse de un chiste. Debe pasarte a ti.

-Villagrán: Claro, y incluso nos mantiene más jóvenes.

-Bala: Puedo hacerte reír en un velorio.

-Villagrán: Ajá. Aunque no quieras reírte, es donde más quieres reírte.

-¿Hoy cuando subes a un círculo o vas a un software de televisión tienes la misma sensación que cuando lo pisaste por primera vez?

-Bala: Sí, siempre siento que estoy debutando.

-Villagrán: Sí, siempre nos pasa lo mismo por los nerviosismo. Llegamos a controlarlos, los nerviosismo no son malos, hay que conocer canalizarlos, eso es todo.

-Bala: Como cuando sufres por una broma que no te dio risa. Cuando crees que mataste ahí y no entendieron o están mirando que zapatos usas.

“¿Hay mayonesa?” dice Balá cuando llegan los croissants y las albóndigas. “¿Esta lloviendo?” bromea mientras el fotógrafo abre su paraguas para iluminar la foto. A sus 93 abriles, Balá muestra una sagacidad admirable, improvisa gags con lo que tiene a mano. Y muestra curiosidad por la relación que tuvo su colega mexicano con Chespirito.

“¿Él no te envidió por el éxito de Quico?” él pide.

-Villagrán: Sí, por eso me echaron del software. Quico subió de popularidad. Como personaje, se metió en el barril sin casa, sin padres, sin comida, sin perro, para que el espectador lo protegiera. Y puso a Quico, el que no prestaba sus juguetes, el pelusero, el plañidero, como infame. Pero no contó que en la comedia hay un infame simpático. Y Quico se convirtió en eso. Empezó a quererla más. Y eso fue suficiente para me sacaran del software.

Entonces, Villagrán comenzó a hacer un recuento de su futuro en América Latina tras aquella limitación de El Chavo del 8. Ocho abriles en Venezuela; merienda en Buenos Aires; cuatro en Florida, Estados Unidos; tres abriles en Santiago de Chile y otros tres en Brasil.

“Me propusieron de Chile, de Uruguay, de Caracas. Nunca me quise ir de aquí”, interrumpe Balá.

-¿Por qué?

-Bala: yo estaba acertadamente aquí por qué moverse. Estaba agarrando el automóvil y estaba a diez cuadras de ATC. La muchedumbre no entiende que nacemos y morimos. Sé que voy a expirar. ¿Qué voy a hacer mala parentesco? Intento hacer lo que sé hacer: hacer reír a la muchedumbre. Y carencia más.