Jorge Fernández Menéndez-Seguridad, educación: el decadencia

La decadencia de una establecimiento se manifiesta de muchas formas, pero dos de ellas suelen ser evidentes: la traición de la sinceridad y el círculo cada vez más cartuchón de los círculos internos del poder en torno al propio presidente, cerrando el diálogo solo a quienes se consideran leales, incluso si esa adhesión se apoyo en la incompetencia. Al inicio de este extremo tercio de la papeleo López Obrador estamos viendo preciso eso.

Él dijo Sófocles que “un Estado donde la insolencia y la libertad de hacer todo quedan impunes termina en el abismo”. Es inconcebible que, luego de una semana de extrema violencia y sin dar una interpretación seria y verosímil de lo ocurrido en Guanajuato, Jalisco, Ciudad Juárez, Tijuana, Tecate y Michoacán, las autoridades digan que todo lo que vimos con incendios, muertos, bloqueos y se organizaron ataques contra la población civil.

Es poco probable que se hable de montajes opositores o conspiraciones cuando lo que evidentemente es un ataque concertado de grupos criminales con acciones que la prensa internacional ha calificado incluso de terroristas. Pero, lo que es más importante, a posteriori de cinco días de ataques continuos y concatenados en varias ciudades del país, no hemos gastado una respuesta de las autoridades proporcional al nivel de provocación. No existen operativos especiales ni jefes de plaza detenidos ni operativos que vayan más allá de preservar el orden luego de la violencia sufrida. Todo ha quedado impune. Y el gobierno federal argumenta supuestas conspiraciones conservadoras. Aunque así fuera, debe favor delincuentes que perpetraron los hechos que sufrimos en buena parte del país durante una semana, ¿quiénes son? ¿Dónde están? ¿Qué acciones se han tomado contra ellos por los incendios, saqueos, asesinatos? Para el gobierno, el país está en paz.

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Lo que ocurre es que se confía más en las supuestas lealtades (que, en política, cuando son astutas, rápidamente se convierten en traiciones) de ciertos colaboradores que en los juicios críticos. Él dijo robert kennedy que “la maldad de muchos no está en lo que dicen de su causa, sino en lo que dicen de sus propias contradicciones”. ¿Cómo encargar en colaboradores muy cercanos que hace muy poco creían exactamente lo contrario de lo que defienden ahora? ¿Quién le dice la verdad al presidente?

La designación de leticia ramirez como secretario de Educación Pública entra en esa deducción. La nueva titular es una mujer de confianza del Presidente, lo acompaña desde el año 2000, recibiendo denuncias ciudadanas que le llegaron, primero, al cabecilla de gobierno citadino y, ahora, al Presidente de la República. Era maestra y hace 12 abriles dirigente de la Sección 9 del sindicato que entonces controlaba la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Ella una mujer respetable. Pero hasta ahí llegan sus atribuciones para ser secretaria de Educación Pública, uno de los sectores más golpeados del país, más a posteriori de dos abriles de pandemia en los que el daño de la educación, desde la infraestructura hasta la calidad, ha sido más que palpable.

La educación seguirá en manos de los personajes que se la han apropiado sin ocasionar siquiera un contenido serio, los que han hablado de una reforma que ellos mismos no entienden. Qué marx arriaga, el teórico del sector, quien considera que “leer por placer es un acto individualista” y califica a la educación contemporáneo como “el maniquí neoliberal meritocrático conductual, punitivo, patriarcal, racista, competitivo, eurocéntrico, colonial, inhumano y clasista… negocio que absorbe miles de millones de pesos al año con la promesa de calidad, crecimiento sostenido, enciclopedismo, especialización, habilidades, todo para ocasionar un maniquí meritocrático, elitista, patriarcal y racista, que utiliza la educación como multiplicador de legalización de la diferencia, del clasismo y la supuesta mobilidad social”. Tantos adjetivos, tanta palabrería y ni una sola idea llamativo.

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En sinceridad, estas figuras vinculadas a la CNTE son las principales promotoras de la privatización de la educación. ¿Qué puede ser más privatizador que exigir que los empleos del sector sabido sean patrimonio personal? ¿Qué privatiza más la educación que la irresponsabilidad de los líderes docentes que tardan más días en marchar, manifestarse, hacer plantones o cerrar calles que para dar clases? ¿Qué impulsaría a una tribu a mandar a sus hijos a una escuela privada más que a una escuela pública cerrada? ¿Quién quiere que se ignoren los contenidos científicos, las notas, los estudios de idiomas? Estos grupos son los verdaderos impulsores de la privatización de la educación. Esos son los más conservadores, los más reaccionarios del ambiente político franquista.

El maniquí educativo contemporáneo garantiza extensión (por último ni eso), pero no profundidad ni calidad y, sobre todo, ha dejado de ser un multiplicador de movilidad social. El Estado ha descuidado su responsabilidad de consolidar cada día la escuela pública y la educación se convierte así en un multiplicador más que fomenta la pobreza y la desigualdad.

Eso es lo que más ha estancado la movilidad social en México. El que nace escaso y con pocas oportunidades solo puede seguir siendo escaso y sin oportunidades. La única opción para romper este patrón es una educación pública de calidad. Y esa opción es la que se está perdiendo y nos impide cruzar la calle de la desigualdad.